Esta vez no ha sido dentro de una casa. El seguimiento de la vida de la joven se hizo en un hospital, en su boda, en su entierro… Jade Goody se convirtió por unos instantes en el centro de atención de todos los medios de comunicación del mundo. Esta estrella fugaz nació en Essex (Inglaterra) en junio de 1981. Proveniente de una familia humilde, entró en el 2002 (con 21 años) en el Big Brother inglés. A partir de ese momento pasó a ser uno de los numerosos peleles creados por la televisión que habitan en las sociedades actuales.Su escandalosa fama se incrementó cuando profirió insultos racistas a Shilpa Shetty, actriz india que compartía encierro con ella. Tras su expulsión, se dedicó a saltar de programa en programa para ganarse el jornal. Hasta que le dieron otra oportunidad en la versión india de Celebrity Big Brother (agosto de 2008), donde se disculpó con Shetty. Todos los ingredientes para crear un buen espectáculo. Pero la guinda la puso la emisión en directo del momento en que comunicaron a Goody que padecía un cáncer de cuello de útero. Abandona el concurso para regresar a su tierra natal junto a su cáncer terminal.
Pero Jade se queda con ganas de más cámaras, su espectáculo no ha terminado, no le gusta ese final. Así que la joven de 27 años decide seguir siendo el punto de mira de los objetivos de las cámaras. Para asegurar el futuro de sus dos hijos, de 4 y 5 años, Jade ofrece sus últimos suspiros a cambio de los millones necesarios para la supervivencia de sus descendientes. Las televisiones, adoptando los sentidos de un buitre, vuelan en picado en busca de lo poco que queda de Goody. No hay ética, no hay un ápice de sensibilidad… sólo se ve la boda de una joven que va a morir, que luce un bonito vestido pero no un bonito peinado, porque no tiene pelo. ¿A quién le gusta ver eso? Las televisiones se justifican diciendo que ofrecen lo que el público quiere ver. “Me gustaría ver la agonía de una joven en el hospital, cómo muere y, si es posible, su entierro”… ¿algún telespectador ha dicho eso?Pero se emitió. Y se obtuvo lo que se quería: las televisiones su audiencia y Goody algo de dinero para su herencia. Más de cinco millones y medio de entradas en Internet con su nombre, una posible película y un musical, la tristeza del Primer Ministro británico… el triste caso de la joven inglesa caló en los sentimientos de los ciudadanos del mundo. Goody tuvo su película, lástima que no vaya a tener segunda parte.
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