miércoles, 18 de febrero de 2009

El peligro de estar "enredados"

Hace menos de diez años el teléfono era uno de los medios más usados para quedar con un amigo. Los jóvenes se conocían en los institutos o las discotecas. Nadie tenía por qué saber cuáles eran nuestras películas o lecturas favoritas. Lo más probable era ir perdiendo el contacto con los amigos que vivían lejos. Ahora no. Las redes sociales se han acomodado en nuestro país progresivamente, hasta convertirse en una forma de interacción social presente en la vida de casi la mitad de los internautas.

Las redes sociales nacen en 1995, con la creación de classmates.com, herramienta ideada por Randy Conrads para que antiguos compañeros de clase pudieran mantener o retomar el contacto. Pero es después de entrar en el siglo XXI cuando se extiende el uso de las redes sociales. Fotolog (2002), MySpace y Hi5 (2003), Facebook y Tuenti (2006) son las plataformas más utilizadas en España. Una red social online es un servicio a través de Internet que permite a los usuarios crear su perfil personal y publicar datos e información sobre sí mismo. Cuentan con herramientas que facilitan interactuar con otros usuarios y localizarlos. Hay redes “de gente” (Tuenti o Facebook), comunidades de contenidos (Flikr) y redes de comunicación directa (Messenger o Skype).

Decirle algo a alguien, quedar con un amigo, compartir fotos o vídeos, conocer gente, “cotillear”… son las tareas fundamentales que una red social permite hacer. Es un fenómeno en auge al que casi es “necesario” pertenecer para sentirse integrado socialmente. De entre los usuarios de las redes sociales el 44% son mujeres y el 56% hombres. El 47 % tiene de 21 a 30 años, el 35% de 31 a 40 años y el 18% de 16 a 20 años.

Pero en las redes sociales de ocio no sólo se incluyen datos de información personal, como el nombre o la formación, sino que también aparecen datos personales referentes a la ideología, gustos o vivencias. Los usuarios de redes sociales deben ser conscientes de que cualquier persona podrá acceder a su información personal e incluso pueden ser utilizados malintencionadamente por terceros de forma ilícita. Es raro encontrar a un joven que no tenga una cuenta en una plataforma como Tuenti o Facebook. Hasta el momento no ha habido ningún problema significativo en relación con los datos personales que estos jóvenes publican en sus perfiles de usuarios. La privacidad y la intimidad se pierden casi por completo en algunos casos. Fotografías de menores, algunas con cierto contenido sexual (cuando no son retiradas por las plataformas o denunciadas) pueden ser el objetivo de internautas malintencionados. Los jóvenes introducen sus datos, comentarios y suben fotografías voluntariamente, muchas veces ignorando que pueden circular por Internet, ser manipuladas y utilizadas con fines ilegales.

La mayoría de menores de edad que poseen una cuenta en alguna red social desconocen realmente cómo ejercer un verdadero control sobre sus datos. La información que reciben sobre Internet y nuevas tecnologías en los centros educativos es insuficiente. Se aconseja que los padres supervisen la utilización que sus hijos hacen de Internet, establezcan reglas, bloqueen determinados contenidos e informen y conciencien a los menores de los riesgos existentes. Los jóvenes, por su parte, no deben revelar datos personales excesivos o comunicar la contraseña y sí informarse de la normativa del sitio o plataforma. Además, los menores de 14 años deben pedir el consentimiento a los padres para crear una cuenta en una red social. Las recomendaciones no siempre se ponen en práctica debido a la ignorancia y la falta de interés. Tanto los padres como los hijos desconocen realmente las ventajas y algunos peligros de tener un perfil en una red social.

Las redes sociales han aportado un nuevo modo de relacionarse, compartir y establecer un contacto continuado con uno de los servicios que ofrece Internet. Deben ser un complemento en la vida social de los jóvenes. Jóvenes atrapados por una pequeña parte de la Red a la cual no conocen en profundidad.

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